

Siempre me atrajo el contraste y el dialogo. El aumentar basado en las contestaciones a unas afirmaciones que siempre son argumentales.
Hoy quiero que seáis participes de una experimentación en este blog. El dialogo entre varios personajes:
Como la idea se quedaba corta en verso la he desarrollado también en prosa, por lo que os pido paciencia hasta que lleguéis al final.
Es una entrada larga, pero realizada con todo el cariño posible. Hoy la primera parte, o visión en prosa.
Añoro los tiempos aquellos en que la adarga mandaba sobre la madera, sobre el hierro. Su olor pegadizo en cada poro del brazo, de la mano, en cada una de las canas de mi cuerpo. Recuerdo mojarla para hacer el olor más intenso.
También recuerdo la maza, la lanza, la espada... meros instrumentos que llegada mi decrepitud física cambié por el laúd y la sextina sin ningún remordimiento. Puede que logrará cambiar más el mundo con la palabra que con la fuerza de mis músculos; sin duda pudo más el intelecto.
Aprender Occitano fue un camino tan bello; sus sonidos arrancaban siempre breves susurros en la sala aunque no entendieran el significado de los versos. Incluso callé el laúd más de una vez para que comprendieran el sentido verdadero, para que vieran volar gaviotas los que el mar nunca vieron, para que olieran la sangre de las batallas aquellas damas que nunca de su castillo se movieron.
Pero lo que siempre echaré de menos, por muchos siglos que transite, por muchos amaneceres que besen mi frente, será la expresión de tus ojos. Variaban de color juguetones, reflejaban tus miedos, mis miedos. Predominaba el azul, no lo niego, pero cuando reprimías esos suspiros que de soltarlos hubieran temblado los cimientos adquirían tintes glaucos, el color de las algas en aquella playa que nunca vieron. Jamás vi persona que mejor gritara en silencio.
No deseo otra cosa más que volver a ver tu cuello. Delgado, columna de fuego que movías con una elegancia suprema, que arqueabas como arquea el viento a los chopos en las noches de invierno. Siempre soñé acariciar esa delicada piel que sobresalía entre bordados y terciopelos. Pero nunca alcancé a morir posando mis labios en ese torrente de sentimientos. Nunca logré ser más que un simple trovador, nunca venciste tu miedo, mi miedo.
Hoy, siglos después, sigo soñando con tus ojos, con tu cuello, con tu olor que percibí aquella noche que hablamos, ese olor que gritaba en completo silencio. Nunca había sentido seducción más intensa que la que intuí en esa fragancia que adornaba tus manos, tu pelo.
Si me hubieras ungido con ese mundo de olores tal vez no vagaría ahora por los mismos aposentos.
Una soñada presencia ausente se forma
entre el humo del café y el picor del sueño
entre el olor a pan recién hecho y tinta seca
necesito tres sorbos ardiendo para entender
que la suerte a veces juega en silencio.
Y amaneció de repente
estallaron mis ojos como dos granadas,
no sé qué decir
¿acaso puedo?
Todo se resume en una frase
todo se resume en un ruego
todo se resume en hincar la rodilla
todo se resume en un ¡ay! lastimero
Puro fuego.
Instante cautivo entre dos nervios
tránsito entre espigas de hierro
inconcluso seguir empezando
nacer y morir en un momento
aprender a nadar sin guardar los ojos
descubrí con asombro un aguacero en mi pecho.
El ayer convertido en mañana
un ángel se vierte sobre un guerrero
luminosa mañana de Julio
tiemblo bajo el sol
reto al destino en secreto.
Se despeña el geranio desde el balcón
como se lanzan los tobillos de esa niña
por la espalda eléctrica
del funámbulo que encontró el maullido.
Declinamos conjugaciones latinas
con la esperanza de encontrar en el mapa
el tempus que se perdió paseando
por aquel valle relleno de niebla azulada.
Tú y yo, ¿vestales o monaguillos?
¿Acaso los niños jugarán mejor a la peonza
por contestar preguntas raídas?
Ven y tomemos chocolate con uvas
mientras nos acaricia el verbo exultante,
ven y tomemos helado licor de limón
a la vez que nos besa una nube los pies.
Siento en mis labios mantequilla salada,
luchamos como dos gladiadores
…………¿Te gusta ganar?
…………No temas, sé que voy a perder mientras gano.
Sello columnas con tizones de piel
y tú entierras caracoles en una V.
Cae la noche como una cascada de lunares
entretengo mis ojos en corrientes de aire
entretejo verdes hojas con granito frío
entretanto saco mis tendones a orear.
Relleno formularios solicitando brisas
que resuman laderas gastadas por muflones
recito un montañero medio loco
arrancando zarzas sin miedo a las espinas
retiro mis dedos de la lámpara de pie
recuerda las farolas de un París húmedo.
Suena una y otra vez el telegrama no enviado
el suéter susurra al oído
canciones hablando de bodegas en el cielo
suelo y techo no son líneas paralelas
el tejado deja todos sus huesos al aire.
Me gustaría contar la verdadera historia
pero el paracaídas se entretuvo con una nube
y no dejo de preguntarme
¿Quién soy yo para hablar de la mujer de Jesucristo?
Le llamaron loco
por bañarse desnudo en invierno
allí donde el agua hería;
reputaban todos su osadía
de construir un cisne de piedra
reflejo sin duda de extrema pureza;
la eterna búsqueda reflejada
por su amigo en espeluznante Parsifal
traspasa materia y se instala
en el aire que acaricia todo el lugar;
¿Loco?
¿Por querer ver la luna bañándose
desde su misma cama?
¿Por vivir en la sala del Grial
acompañado de Isolda y Tristán?
¿Loco?
¿Por no querer aceptar la cruda realidad
que le regala y le castiga a la par?
Loco, puede, pero sin duda genial.
Me acercaré sin temores…
Arrojaré los miedos domesticados a una tumba.
Beberé sobre ella la sangre de mi eral salvaje.
Me atreveré a subir desde mi vera a otro puerto.
Cambiaré…
Un puñado de arena azafrán
por el enorme paisaje de un deseo.
La espuma que tersa mis tobillos
por una montaña que viole las nubes.
Mi caracola que reza en el silencio
por algún verbo que aprese los azules.
Me abandonaré en los brazos de un sueño…
Y esperaré desnuda de tormentos,
mojándome los labios con palabras dormidas,
ésas que aguardarán en mi boca su momento,
el oportuno para explotar encendidas…
Y recogeré las rosas sin espinas
que alguien dejará sobre mi cama,
cualquier día de éstos…
Entretanto...
Caminaré despacio
por el sendero del puerto,
llevando conmigo la sal de esta playa
derramada en el cristal translúcido de mi cuerpo …
la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos.