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viernes, 30 de octubre de 2009

Aún vago por tu recuerdo, Prosa, Primera parte


INTRODUCCIÓN

"AÚN VAGO POR TU RECUERDO"


Siempre me atrajo el contraste y el dialogo. El aumentar basado en las contestaciones a unas afirmaciones que siempre son argumentales.

Hoy quiero que seáis participes de una experimentación en este blog. El dialogo entre varios personajes:

  • Un trovador
  • El fantasma de ese trovador
  • La reencarnación de ese trovador
  • La amada, siempre presente, siempre en silencio.


Como la idea se quedaba corta en verso la he desarrollado también en prosa, por lo que os pido paciencia hasta que lleguéis al final.

Es una entrada larga, pero realizada con todo el cariño posible. Hoy la primera parte, o visión en prosa.



AÚN VAGO POR TU RECUERDO, prosa

Añoro los tiempos aquellos en que la adarga mandaba sobre la madera, sobre el hierro. Su olor pegadizo en cada poro del brazo, de la mano, en cada una de las canas de mi cuerpo. Recuerdo mojarla para hacer el olor más intenso.


También recuerdo la maza, la lanza, la espada... meros instrumentos que llegada mi decrepitud física cambié por el laúd y la sextina sin ningún remordimiento. Puede que logrará cambiar más el mundo con la palabra que con la fuerza de mis músculos; sin duda pudo más el intelecto.


Aprender Occitano fue un camino tan bello; sus sonidos arrancaban siempre breves susurros en la sala aunque no entendieran el significado de los versos. Incluso callé el laúd más de una vez para que comprendieran el sentido verdadero, para que vieran volar gaviotas los que el mar nunca vieron, para que olieran la sangre de las batallas aquellas damas que nunca de su castillo se movieron.


Pero lo que siempre echaré de menos, por muchos siglos que transite, por muchos amaneceres que besen mi frente, será la expresión de tus ojos. Variaban de color juguetones, reflejaban tus miedos, mis miedos. Predominaba el azul, no lo niego, pero cuando reprimías esos suspiros que de soltarlos hubieran temblado los cimientos adquirían tintes glaucos, el color de las algas en aquella playa que nunca vieron. Jamás vi persona que mejor gritara en silencio.


No deseo otra cosa más que volver a ver tu cuello. Delgado, columna de fuego que movías con una elegancia suprema, que arqueabas como arquea el viento a los chopos en las noches de invierno. Siempre soñé acariciar esa delicada piel que sobresalía entre bordados y terciopelos. Pero nunca alcancé a morir posando mis labios en ese torrente de sentimientos. Nunca logré ser más que un simple trovador, nunca venciste tu miedo, mi miedo.


Hoy, siglos después, sigo soñando con tus ojos, con tu cuello, con tu olor que percibí aquella noche que hablamos, ese olor que gritaba en completo silencio. Nunca había sentido seducción más intensa que la que intuí en esa fragancia que adornaba tus manos, tu pelo.


Si me hubieras ungido con ese mundo de olores tal vez no vagaría ahora por los mismos aposentos.