Oleo de Guiseppe Arcimboldo
Tus manos piafan en el sotobosque
¿recuerdas al peluquero que se comió un bucle?
Tus ojos golpean como si fueran pesuños
¿recuerdas al violinista que se ahorcaba con una cuerda de guitarra
cada atardecer?
Tus brazos se abren como las ramas de los prunos
¿recuerdas el árbitro que se enviaba tarjetas postales?
Tu cuello — que me recuerda tu cuello — agasaja la mañana
¿recuerdas el director de escena mesándose la capa?
Tus lágrimas desgonzan cada tarde que las alimenta
¿recuerdas el albañil que quería ser cocinero?
Tu nariz — envidia de actrices italianas — alisa los sentimientos
¿recuerdas al oficinista que triscaba entre cartapacios?
Tu mentón ahuyenta todas las filosofías orientales
¿recuerdas el abogado que quería abrogar las puñetas?
Tus pómulos resquebrajan los butacones enhiestos
¿recuerdas el profesor al que se le olvidó sonreír?












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