diecitantos años y esa melena sonriente
veintitantos años y ese sangrar por las ingles
pasaron tantas aguas
pasaron tantos vientos meciendo higueras
pasaron tantas horas como promesas ardientes
las ovejas y las máquinas de coser se oxidaron
los ágiles dedos pasaron hojas y hojas
en vez de enredarse como ovillos de perlé
banderas en el reloj
risas domesticando el puente
detrás de la iglesia detrás
hombros que ahora son de agua recia
pecho que sigue llamando al labio y la saliva
palabras que permanecen inalteradas
llegará el invierno blanqueando médulas
llegará la noche rozando silencios
mas ¿dónde están los suspiros que arrancábamos?



















