encajando
tantas piezas que cubren
la mesa como el sol abrigando
mis dedos varados en el atonal que es
época de cerezas que habito
cada vez con más sigilo y medias palabras
y agujas encastradas y silencios vencidos
y sonrío — a pesar del diario otoño —
y avanzo — ¿sabes tú adónde? —
y regreso — del ocaso nunca palpado —
limpio mis uñas para sentirte mejor
deseoso el segundo en el que palpitaran (tenues)
los amaneceres
que nunca llegaron a contarnos

