lunes, 27 de septiembre de 2010

Una tarde cualquiera



De extremo a extremo juntas en un milímetro
el ancho de mi casa que es mi pecho
de olor a olor abrevias mis rodillas
en el ancho del mundo que es tu pecho

Corazón de lluvia sorprendido
con la brevedad incipiente de la cintura
ala de esperanza que grita sin sudor
en el conciso ululado de tus ojos                     

Caerá el amarillo desde el libro a las caderas
esperando ser puerta y balcón
será catarata refugiándose en las manos
que vagan desesperadas         En un estanque de fuego
el gorrión cercenará su garganta
                                  será el último violín que vuelva la cabeza sorprendido