Una barba se aloja fantasiosa en una hoja de papel
incomprendida suma de vicios y rellanos
rehusa tener jazmines en las patillas
para no dañar las uñas que la mecen
enfrente los sonidos de una sartén
al descongelar el miedo a la ternura
es preferible escayolarse el alma
por si acaso volviera el gris al cielo.
La voz, misterio diminuto en un sarpullido de amapolas,
está inacabada desde sus cimientos
se sostiene sobre una pizca de albahaca
esperando no sople mucho el verbo esdrújulo
y la haga caer desde las mejillas al relicario.
Te cubriré de sonrojos la raíz de las uñas
esas que resuenan a cada paso que no viertes
entonces comprenderás que el número áureo
era solamente una broma para los sentidos.




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