sábado, 24 de enero de 2009

Y no desesperé




Y no desesperé al no encontrarte,
o al creer encontrarte y sentir la confusión
del desencuentro inevitable
y nunca me encontraba libre,
incluso no me encontraba al enredarme
y me irritaba por mi torpeza
hasta que un día… un día…
me sentí morir resucitando de la nieve
que había cubierto mi camino,
largo y aterrador camino lleno de caos,
caos que emanaba siempre del interior
gélido de mi sentir confuso.

¿Fue casual ese encuentro?
Tardamos en enterarnos que éramos
dos caminantes ya sin senda
que recorrer sin herirnos el alma más,
dos caminantes heridos por la fortuna
y, tal vez, sólo buscábamos consuelo
a esas cicatrices del destino,
a esos desgarrones en el alma
a esos descosidos en el traje de amar
a esas puñaladas en el costado del corazón

Pero nos encontramos; jugando a escondernos,
cansados del desatino de la vida
hartos de palabras ya hueras y gastadas
rotos por gestos manidos y pueriles.
Y cuando nos encontramos, después de vernos
ya nunca quisimos dejar la solidez
que se cimentó en nuestros marchitos ánimos.
Y aún me estremezco cuando me miras
con tus ventanas del corazón,
llenas de flores que el invierno no marchitó.

1 comentario:

hargos dijo...

simplemente precioso un saludo largooooooooo